Los Tambores de la Inclusión
Una experiencia de percusión inclusiva desarrollada por Trokin junto a MICAVI
El taller Los tambores de la inclusión fue una experiencia de percusión colectiva desarrollada por Trokin junto a MICAVI, orientada a fortalecer la participación, la expresión corporal, la interacción social y el sentido de pertenencia de adolescentes y jóvenes con TEA a través del ritmo, el juego y la música.
Cuando el ritmo se convierte en un espacio de participación
La inclusión no se construye únicamente reuniendo a personas en un mismo lugar. Se construye cuando el espacio, las actividades y la forma de acompañar permiten que cada participante pueda involucrarse desde sus propias posibilidades.
Desde esa mirada nació Los tambores de la inclusión, una experiencia de percusión colectiva desarrollada por Trokin junto a MICAVI, en la que el ritmo, el movimiento y el juego se convirtieron en herramientas para fortalecer la participación, la expresión y el encuentro grupal.
El taller fue pensado como un proceso, no como una actividad aislada. Durante las sesiones, los participantes atravesaron distintos momentos: dinámicas de integración, trabajo corporal, ejercicios rítmicos y ensambles con instrumentos de percusión. Esta estructura permitió avanzar de manera progresiva, respetando los ritmos individuales y adaptando las propuestas a las necesidades del grupo.
Aprender a escuchar, coordinar y construir juntos
Uno de los aspectos más valiosos de la experiencia fue comprender que la percusión puede abrir formas de comunicación que no dependen únicamente de la palabra. A través del pulso, las señales, las pausas, las entradas y las respuestas, los participantes encontraron maneras de escuchar, esperar, coordinarse y formar parte de una construcción común.
El proceso también permitió fortalecer habilidades sociales, corporales y emocionales. La atención, la memoria, la coordinación, la seguridad personal y el sentido de pertenencia fueron apareciendo poco a poco, no como resultados inmediatos, sino como avances construidos desde la práctica, la repetición y el acompañamiento.
Las familias ocuparon un lugar importante en este camino. Su presencia y apoyo ayudaron a sostener el proceso, y su participación en la etapa final convirtió la experiencia en una vivencia compartida, ampliando el sentido comunitario del taller.
Una experiencia que deja huella
La presentación final fue un momento significativo, pero no fue el único resultado. Detrás de cada sonido hubo un camino previo: intentos, ajustes, descubrimientos, desafíos y pequeños logros que hicieron posible que el grupo llegara a tocar junto.
Los tambores de la inclusión nos recuerda que el arte puede ser una herramienta poderosa para construir espacios más humanos, flexibles y participativos. La percusión, en este caso, no fue solo música: fue una forma de encuentro, de expresión y de construcción colectiva.
Esta experiencia reafirma el compromiso de seguir impulsando propuestas donde el juego, el cuerpo y la música permitan abrir caminos de inclusión, aprendizaje y participación real.
